Un visitante ancestral, forjado en las profundidades del universo, se aproxima a la Tierra. Se trata del cometa 3I/ATLAS, descubierto hace cinco meses por la red de telescopios ATLAS en Río Hurtado (Chile). Este cuerpo celeste se ha catalogado como el tercer objeto interestelar en cruzar nuestro cielo, precedido por el asteroide Oumuamua (2017) y el cometa Borisov (2019), descubierto en 2021. El 19 de diciembre, el cometa alcanzará una distancia de 270 millones de kilómetros de nuestro planeta, casi el doble de la distancia que nos separa del Sol.
Aunque esta distancia resulta inmensa para los estándares humanos, es relativamente cercana para un objeto proveniente de otro sistema estelar. Su trayectoria hiperbólica indica que solo está de paso por nuestro sistema solar, pero su presencia representa una oportunidad única para la comunidad científica internacional. Analizar su composición podría revelar información valiosa sobre las condiciones existentes en otras regiones de la galaxia. César González, divulgador del Planetario de Madrid, señala que 3I/ATLAS presenta diferencias físicas notables en comparación con otros cometas. “Se ha detectado una mayor concentración de gases, especialmente dióxido de carbono en la coma –la nube de gas y polvo que lo rodea–. También se ha observado una cantidad superior de níquel ionizado, un material que no se había identificado previamente en otros cometas”, explica.
La morfología inusual de su coma y su composición química podrían explicarse por una combinación de alto contenido metálico y abundante hielo de agua. “Esto no implica que nuestros cometas no contengan hielo de dióxido o monóxido de carbono, sino que la proporción relativa de estos hielos es diferente”, aclara la astrónoma Julia de León, del Instituto de Astrofísica de Canarias.
Las características peculiares del cometa han generado especulaciones en redes sociales, incluyendo las difundidas por Avi Loeb, un físico de Harvard. Sin embargo, la NASA ha descartado rumores, como el de que se trate de una nave alienígena, presentando imágenes y datos captados por sus sondas.
“Estas teorías generan un ruido innecesario y restan valor al interés científico real de estos objetos, que ya son intrínsecamente fascinantes”, añade de León.
Erupciones de gas en la superficie
Desde Cataluña, Josep María Trigo, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC), lideró un estudio reciente publicado en la plataforma ArXiv de la Universidad de Cornell. El estudio describe cómo el cometa emitió chorros de gas y partículas de polvo durante su perihelio, el punto de mayor cercanía al Sol, ocurrido el pasado 29 de octubre. Este fenómeno fue detectado gracias al Telescopio Joan Oró del observatorio del Montsec.
Este fenómeno se produce porque el calor interno derrite el hielo, dando lugar a un proceso de criovulcanismo o erupciones que expulsan gas, vapor y polvo al espacio. “Se trata de un objeto transicional, a medio camino entre un cometa y un asteroide, y es extremadamente prístino. Nuestro estudio confirma, mediante análisis espectroscópico, que sus características son compatibles con los objetos transneptunianos –aquellos que se encuentran más allá de la órbita de Neptuno–”, explica el científico del Institut d’Estudis Espacials de Cataluña.
El equipo de expertos en cometas y asteroides confía en el modelo desarrollado. Otro equipo de investigación independiente, liderado por Nathan X. Roth, utilizó el observatorio ALMA –también ubicado en Chile– para detectar emisiones de metanol e hidrocarburos en la coma del cometa, productos esperados de reacciones conocidas como Fischer-Tropsch.
Según Trigo, objetos como 3I/ATLAS poseen un gran potencial astrobiológico, ya que podrían actuar como “macetas” de materia orgánica y minerales catalizadores, capaces de generar precursores de la vida en un entorno adecuado. “Ojo, no contienen vida”, puntualiza el experto.
¿Cómo observar el cometa?
El cometa pasará relativamente cerca de la Tierra, pero a diferencia de otros eventos astronómicos, no será visible a simple vista. César González y Julia de León coinciden en que el mejor momento para observarlo será a las 12 de la medianoche del jueves al viernes en la península ibérica. “A las seis de la madrugada alcanzará su punto más alto en el cielo”, asegura González.
El astrónomo recomienda utilizar al menos un telescopio o unos prismáticos con una apertura de 50 mm para distinguirlo como un “punto de luz”. Las zonas rurales, con poca contaminación lumínica, son las más adecuadas para apreciar este fenómeno. González insiste, sin embargo, en que la principal importancia científica de estudiar este cometa reside en que se formó en un sistema estelar diferente al nuestro.
“Es un momento oportuno para verificar si las teorías que hemos desarrollado al observar la creación de nuestro sistema solar son válidas para otros sistemas y otras estrellas”, concluye.
