Una investigación reciente, publicada en la revista Nature Metabolism, ha identificado que una hormona liberada durante la actividad física, denominada irisina, podría desempeñar un papel protector en el sistema nervioso central frente a los daños asociados a la esclerosis múltiple.
El estudio, difundido a través del Servicio de Información Científica (idw), sugiere que esta molécula, a menudo denominada «hormona del deporte», tiene el potencial de mitigar la pérdida de células nerviosas. Este hallazgo abre nuevas vías para comprender cómo el ejercicio podría influir positivamente en el curso de enfermedades neurodegenerativas.
Los investigadores han observado que la irisina no solo interviene en procesos metabólicos, sino que también podría ejercer un efecto neuroprotector, un aspecto de gran interés para el desarrollo de futuras estrategias terapéuticas enfocadas en frenar el deterioro neuronal característico de la esclerosis múltiple.
