Un mensaje inspirador a los futuros líderes: el valor de la perseverancia en la era empresarial
Por Jonathan Greenblatt

Para la Generación 2026, mis queridos graduados, Mazel Tov. Conozco el esfuerzo que han invertido para llegar hasta aquí.
En un mundo donde los mercados fluctúan con la misma velocidad que las tendencias digitales, donde los modelos de negocio se reinventan cada ciclo económico y donde la competencia global no conoce fronteras, este logro no es casualidad. Es el resultado de decisiones estratégicas, noches de estudio cuando el sueño era el enemigo, y la capacidad de transformar obstáculos en oportunidades.
Hoy no solo celebran un título académico, sino el inicio de una carrera en un escenario donde el conocimiento técnico es esencial, pero donde la adaptabilidad y la resiliencia son moneda corriente. La economía global exige profesionales que no solo dominen datos, sino que también entiendan su impacto en cadenas de valor, en equipos multidisciplinarios y en sociedades en constante evolución.
Su generación heredará desafíos sin precedentes: desde la automatización que redefine puestos de trabajo hasta la necesidad de modelos de negocio sostenibles que equilibren rentabilidad con responsabilidad social. Pero también tendrán herramientas sin igual: acceso a información en tiempo real, tecnologías que democratizan la innovación y una red global de colaboradores con perspectivas diversas.
El mensaje es claro: el éxito no se mide solo por el puesto alcanzado, sino por la capacidad de aprender, reinventarse y liderar con propósito. Como dijo alguna vez Warren Buffett, *»el riesgo viene de no saber lo que estás haciendo»*. Ustedes ya demostraron que saben navegar la incertidumbre.
Que este sea el primer paso de una trayectoria donde cada decisión —ya sea financiera, operativa o ética— esté alineada con un objetivo mayor: construir no solo carreras, sino legados que inspiren a las generaciones siguientes.
La pregunta ahora no es qué harán, sino cómo lo harán: con audacia, con datos, pero sobre todo, con la convicción de que el verdadero capital de una organización —y de un líder— no son los recursos, sino las personas que los potencian.
