La ambición de la NASA de volver a poner a seres humanos en la Luna antes de 2030 choca con la realidad técnica, financiera y operativa del programa espacial estadounidense. Entre sucesivos retrasos, problemas estructurales en el cohete SLS y una creciente dependencia de SpaceX, el calendario político comienza a perder contacto con la viabilidad tecnológica. Pero, habiendo estado allí tantas veces, ¿no debería ser más fácil ahora?
El aplazamiento de Artemis II
Esta misma semana se ha sabido que la misión Artemis II, que debía volver a colocar a un ser humano en órbita lunar, ha tenido que ser aplazada. Los viejos fantasmas del programa espacial, como la complejidad del hidrógeno líquido, han supuesto un duro golpe para la NASA, que se muestra cada vez más cerca de SpaceX para delegar parte de sus misiones espaciales.
Para recordar, todos los problemas de Artemis II surgieron durante la prueba general de carga de combustible, ya que fue necesario interrumpir el proceso al detectarse una fuga en las líneas de combustible de hidrógeno.
Problemas recurrentes en las pruebas y fallos heredados del pasado
Para quienes siguen el programa, esto suena terriblemente familiar. Son fallos prácticamente idénticos a los que já afectaron a la misión Artemis I y que parecen heredados de la era del Transbordador Espacial.
El hidrógeno líquido, por ser la molécula más pequeña existente, tiene una facilidad extrema para escapar por la más mínima imperfección, una situación que se ha visto recientemente agravada por el frío extremo en las plataformas de prueba.
Mientras que el cohete SLS muestra signos de fatiga técnica y presupuestaria, con Boeing amenazando con reducciones de personal en plena crisis, la NASA se ve obligada a recurrir cada vez más al sector privado. Es aquí donde surge SpaceX, con los brazos abiertos.
Un plan complejo, frágil y dependiente de SpaceX
El plan actual es complejo: el SLS debe colocar en órbita la cápsula Orion, que luego se acoplará al sistema de aterrizaje humano (HLS) de SpaceX para descender a la superficie lunar. Sin embargo, los retrasos del SLS ponen en riesgo toda la cadena de misiones siguientes, como Artemis III, que podría retrasarse hasta 2028.
Pero SpaceX tampoco es perfecta. Para que la Starship HLS llegue a la Luna, es necesaria una maniobra de reabastecimiento orbital que podría implicar hasta 12 vuelos previos de tanques, una complejidad logística sin precedentes.
A pesar de que la Starship enfrenta sus propios desafíos y retrasos, diferentes fuentes indican que es el único módulo de aterrizaje contratado con capacidad real para operar antes de 2030. Aunque la NASA ha abierto la puerta a Blue Origin para misiones posteriores, buscando diversificar, la verdad es que, hoy en día, sin SpaceX, el ritmo lunar colapsaría.
Concepto artístico del Sistema de Aterrizaje Humano (HLS) de SpaceX en la Luna durante el programa Artemis de la NASA. (Crédito de la imagen: SpaceX)
Filosofías opuestas de desarrollo
Mientras que el SLS lucha por superar fugas básicas, SpaceX sigue fiel a su filosofía de “romper cosas para aprender rápidamente”. A finales de 2025, la empresa completó su undécimo vuelo de prueba, alcanzando un hito importante: el amerizaje suave y controlado de la etapa superior en el océano Índico y el reencendido exitoso de los motores Raptor en el vacío.
Transición a la Starship V3: Este vuelo marcó el fin de la era “V2”. Ahora, SpaceX transita a la Starship V3, un vehículo aún mayor y más capaz, concebido específicamente para cumplir los requisitos de carga del programa Artemis. Sin embargo, introducir un nuevo vehículo implica nuevos riesgos y procesos de certificación que consumen tiempo.
Un hogar en la Luna
Muchas veces olvidamos que la Starship HLS no es solo un vehículo de transporte; será el “hogar” de los astronautas en la superficie lunar durante una semana, lo que refuerza aún más esta dependencia.
SpaceX ha completado recientemente 49 hitos contractuales cruciales para la NASA, que van más allá de la propulsión, como el sistema de soporte vital que mantendrá a los astronautas con vida.
También se han validado el sistema de descenso de la tripulación a la Luna y los motores Raptor, que han demostrado capacidad de reencenderse tras la exposición al frío profundo del espacio.
El sistema de soporte vital, designado ECLSS, es responsable de garantizar condiciones habitables en el interior de la cápsula. Controla la composición del aire, asegurando niveles adecuados de oxígeno y la eliminación de dióxido de carbono, regula la temperatura y la humedad y mantiene la presión interna estable. Es también este sistema el que gestiona la ventilación y contribuye a la seguridad de los astronautas durante todas las fases de la misión, desde el lanzamiento hasta el regreso a la Tierra.
La realidad impuesta a los calendarios políticos
Con los datos actuales sobre la mesa, el optimismo de 2025 se ha evaporado, empujando hacia adelante las fechas de las varias misiones de regreso a la Luna.
Y a pesar de que el SLS es actualmente un obstáculo evidente, la enorme complejidad operacional de la Starship, que exige una cadencia de lanzamientos casi semanal, es el verdadero muro contra el que chocan los calendarios políticos de Washington.

