Astronomers studying the candidate CD-35 2722 using an infrared spectrograph in Chile have discovered a mysterious orbiting object that challenges definitions, while a separate orbital model published in 2026 suggests Venus may have destroyed its own ancient moon through tidal forces rather than a catastrophic collision.
El sistema solar y los confines del espacio continúan desafiando las clasificaciones tradicionales de la astronomía. Investigadores internacionales y equipos académicos han presentado recientemente nuevos escenarios sobre la historia oculta de Venus y sobre un extraño objeto detectado a decenas de años luz que pone a prueba los límites entre lunas y planetas.
El enigma de la luna destruida de Venus y la evolución de las mareas
Un estudio físico reciente sugiere que Venus pudo haber albergado un satélite natural en las primeras etapas de su historia y que el propio planeta lo destruyó sin necesidad de un choque posterior u otro episodio catastrófico. La hipótesis, difundida en un servidor de preimpresiones, apunta a que la desaparición de este cuerpo celeste se explica mediante la dinámica de las mareas gravitacionales entre el planeta, una luna hipotética y el Sol.
El trabajo está firmado por Stephen R. Kane, de la Universidad de California en Riverside, junto con Franck Selsis, Jérémy Leconte y Sean N. Raymond, de la Universidad de Burdeos y del CNRS francés. Los autores partieron de una incógnita fundamental: si Venus se formó tras un gran impacto al igual que la Tierra, resulta desconcertante la ausencia total de vestigios lunares en la actualidad.
Para dar respuesta, los científicos construyeron simulaciones de evolución orbital a lo largo de 4.500 millones de años. El modelo incorporó la rotación venusina, la distancia inicial de la luna, su masa, la excentricidad de la órbita y la disipación de energía en el interior del planeta. Los resultados demuestran que el factor decisivo radicaba en la masa del satélite y en la velocidad de giro inicial de Venus.
Si el planeta giraba con rapidez suficiente, el intercambio de momento angular impulsaba al satélite hacia el exterior en un proceso semejante al alejamiento gradual que experimenta la Luna terrestre. Sin embargo, a medida que Venus frenaba su rotación, la órbita sincrónica se desplazaba hasta alcanzar al cuerpo celeste, invirtiendo su trayectoria y obligándolo a espiralizar hacia el planeta hasta cruzar el límite de Roche, donde las fuerzas de marea lo desgarraron entre 30 millones y 1.700 millones de años atrás.
El candidato a exoluna en CD-35 2722 y el dilema de su clasificación
Mientras los teóricos analizan el pasado venusino, la observación astronómica moderna busca consolidar la primera detección de un satélite fuera de nuestro sistema. Conocemos más de 6.000 exoplanetas, pero la confirmación de una exoluna sigue eludiendo a la comunidad científica debido a la extrema dificultad de su avistamiento a grandes distancias.
Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad Diego Portales y el Núcleo Milenio YEMS en Chile ha presentado uno de los candidatos más convincentes hasta la fecha en el sistema CD-35 2722. Los astrónomos no fotografiaron directamente el satélite, sino que detectaron su presencia a través de un sutil bamboleo gravitacional.

Entre octubre de 2023 y febrero de 2026, el equipo utilizó CRIRES+, un espectrógrafo infrarrojo instalado en el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Chile, para vigilar una enana marrón clasificada como CD-35 2722 B. Este objeto posee una masa aproximada de 37 veces la de Júpiter, situándose en una zona intermedia entre los planetas gigantes y las estrellas incapaces de mantener la fusión de hidrógeno.
Velocidad radial y un patrón orbital de 170 días
El análisis de 23 observaciones de alta precisión permitió identificar una oscilación periódica que se repite cada 170 días. Este movimiento altera la luz de la enana marrón mediante el efecto Doppler, revelando la presencia de un compañero masivo que orbita alrededor de un centro de masas compartido.

El modelo publicado apunta a un objeto cuya masa mínima ronda el 90% de la de Júpiter, representando cerca del 2,5% de la masa de su anfitrión. Alice Zurlo, directora de YEMS, describe el descubrimiento como la primera detección plausible de un satélite fuera del Sistema Solar.
No obstante, el hallazgo genera un intenso debate taxonómico. Dado que el cuerpo principal es una enana marrón y el propio candidato posee una masa comparable a la de un planeta gaseoso, la Unión Astronómica Internacional carece de una definición formal para estos casos, lo que ha llevado a los investigadores a emplear la denominación prudente de exosatélite.
Arquitecturas estelares sin nombre y perspectivas futuras
La comparación entre la dinámica teórica planteada para Venus y la detección instrumental en el sistema CD-35 2722 ilustra la complejidad con la que operan los sistemas gravitacionales a diferentes escalas. Mientras los modelos matemáticos explican cómo un planeta puede desintegrar su propia luna por efectos de marea en el sistema solar interior, la exploración de enanas marrónes demuestra que existen configuraciones para las cuales la astronomía actual todavía carece de terminología adecuada.
Para despejar las incógnitas sobre CD-35 2722, la comunidad astronómica aguarda nuevas observaciones que confirmen la persistencia de la señal, refinen la inclinación orbital y descarten escenarios alternativos de múltiples cuerpos. Hacia adelante, el desarrollo de infraestructuras como el Extremely Large Telescope de 39 metros, actualmente en construcción en el norte de Chile, abrirá la puerta para identificar objetos aún más pequeños en vecindarios estelares remotos.
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