Estudios estiman que hasta el 90% de los niños en hogares de acogida han experimentado algún tipo de trauma, y hasta el 80% presenta problemas de salud mental significativos. Estos antecedentes, combinados con la experiencia de ser separados de sus hogares, pueden generar dificultades importantes tanto para los niños como para sus familias de acogida.
“Los niños que ingresan al sistema de acogida están manejando múltiples transiciones simultáneamente”, explica Liz Gravallese-Anderson, psicóloga del Programa de Tratamiento y Apoyo Safe Place en el Children’s Hospital of Philadelphia, que ofrece servicios para niños que han sufrido abuso y negligencia. La primera transición, según Gravallese-Anderson, es a un nuevo hogar, lo que implica nuevas reglas, rutinas y relaciones, tanto con los padres de acogida como, posiblemente, con hermanos de acogida. Además, muchos niños deben cambiar de escuela, dejando atrás a sus amigos, y pueden preocuparse por la familia biológica que dejaron atrás.
“Creo que solo una de estas experiencias puede causar un aumento significativo de la soledad y el aislamiento”, afirma Gravallese-Anderson. “Y cuando un niño experimenta todo esto a la vez, puede resultar abrumador”.
¿Cómo se manifiestan las dificultades?
Estas dificultades pueden manifestarse de diferentes maneras según la personalidad del niño. Algunos internalizan sus sentimientos, lo que lleva al aislamiento, la depresión y la ansiedad. A menudo, esto se traduce en nuevos comportamientos como problemas para dormir, pesadillas, cambios en el apetito, ansiedad por separación o incluso recuerdos repentinos de eventos traumáticos.
Para los niños más propensos a expresar sus sentimientos externamente, pueden surgir lo que Gravallese-Anderson denomina “comportamientos de desafío”, que tienden a la rebeldía. “Los niños pueden comportarse de manera agresiva o incluso negarse a ir a la escuela”, señala. “Pueden intentar fugarse o mostrar una actitud desafiante, que es la forma en que los niños y adolescentes expresan sus sentimientos cuando no tienen la capacidad de ponerlos en palabras”.
Otros síntomas son menos evidentes, pero igualmente perjudiciales, como la dificultad para formar vínculos saludables, explica Nancy Braveman, otra psicóloga de Safe Place. “Esto puede manifestarse como dificultad para desarrollar confianza en las relaciones, ya sea con compañeros, cuidadores u otras figuras de autoridad, desconfianza, retraimiento, incomodidad en situaciones sociales y falta de habilidades sociales”.
En el otro extremo del espectro se encuentran los niños con límites poco definidos, que tienden a acercarse a extraños para conversar o incluso abrazarlos. Otro problema puede ser la dificultad para concentrarse y el bajo rendimiento académico, síntomas comunes del trauma que a menudo se confunden con el TDAH.
“Como el retraimiento, que puede confundirse con depresión, o la hipervigilancia, que puede parecer ansiedad”, dice Kristine Fortin, pediatra de CHOP y directora médica del Programa Fostering Health. “Por eso es importante contar con un profesional capacitado en trauma que pueda ayudar, ya que el camino del tratamiento es diferente”.
¿Cómo es la atención centrada en el trauma?
Una de las herramientas más eficaces en el arsenal de los clínicos es la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT), una terapia bien investigada y basada en evidencia para niños y adolescentes de entre 3 y 18 años que han experimentado traumas. La TF-CBT, que es un pilar del programa de tratamiento de Safe Place, comprende un protocolo altamente estructurado que comienza con una fase de estabilización, en la que se enseñan a los niños habilidades para afrontar sus respuestas traumáticas. Estas habilidades incluyen comúnmente estrategias de relajación, técnicas de expresión emocional y estrategias de reestructuración cognitiva, que implican ser más consciente de los propios pensamientos y reemplazarlos con pensamientos productivos y precisos.
También incluye educación para los cuidadores del niño sobre el trauma y el estrés traumático, lo que, según Braveman, ayuda a fortalecer y mejorar su vínculo. El objetivo es sentar las bases para la siguiente fase, en la que los niños procesan su trauma. “Estamos aprendiendo todas estas habilidades para que, cuando lleguemos al trabajo directo, se pueda hacer de una manera que no sea abrumadora y podamos monitorear y controlar cualquier malestar asociado que pueda estar sintiendo el niño. No nos precipitamos desde el principio antes de construir la capacidad para hacerlo y la relación de confianza”.
