La vacuna contra el herpes zóster, en especial la fórmula recombinante de Shingrix, reduce significativamente el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y insuficiencia cardíaca, según un estudio publicado en Nature Medicine que analizó los historiales médicos de más de 70.000 adultos mayores en Estados Unidos tras el cambio de vacuna de 2017.
El inmunizante diseñado para frenar los dolorosos brotes del virus de la varicela-zóster podría ofrecer una inesperada protección cardiovascular. Una nueva investigación encabezada por científicos de la Universidad de Oxford revela que las personas que recibieron la vacuna recombinante Shingrix experimentaron una reducción notable en la incidencia de problemas graves de salud del corazón y del cerebro durante los tres años y medio posteriores a la inoculación.
El cambio de vacuna en Estados Unidos como experimento natural
Hasta ahora, diversos trabajos científicos habían observado que los pacientes vacunados contra esta afección presentaban una menor frecuencia de dolencias cardiovasculares. Sin embargo, esas observaciones previas solían comparar a personas inmunizadas con personas que no lo estaban, lo que dejaba el terreno abierto al sesgo de un estilo de vida más saludable entre quienes acuden al médico por prevención.
Para superar este obstáculo analítico, el equipo de investigación aprovechó un cambio normativo y clínico ocurrido en el país norteamericano.
Al comparar a grupos de pacientes vacunados justo antes y justo después de esa fecha límite, los investigadores neutralizaron las distorsiones derivadas del perfil del paciente. Los datos del registro electrónico analizados a través de la red TriNetX mostraron que el beneficio protector es real y medible en condiciones de la vida real, según los resultados difundidos en Nature Medicine.
Cifras de reducción de riesgo y comparación con tratamientos habituales
Los registros de salud de más de 70.000 adultos de 60 años o más demostraron que quienes recibieron la pauta de Shingrix mostraron una disminución del riesgo de sufrir un evento cardiovascular combinado —que incluye infartos de miocardio, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares— durante los primeros tres años y medio de seguimiento, según informó The Guardian.
Al cumplirse el ciclo completo de seguimiento de siete años, la baja global en la carga cardiovascular se mantuvo, con descensos específicos en patologías concretas como la insuficiencia cardíaca y la enfermedad coronaria, mientras que los datos desglosados por sexo revelaron caídas significativas en hombres para los episodios de ictus.

El Dr. Maxime Taquet, profesor clínico en la Universidad de Oxford, señaló que, de confirmarse en ensayos clínicos, vacunar a los adultos mayores contra el herpes zóster podría prevenir cientos de miles de cardiopatías coronarias, accidentes cerebrovasculares y casos de insuficiencia cardíaca en todo el mundo, lo que la convertiría en una de las intervenciones más impactantes que podríamos ofrecer para proteger tanto el cerebro como el corazón en la vejez, y añadió que el efecto podría ser enorme.
El investigador principal subrayó que, de confirmarse estos hallazgos en ensayos clínicos aleatorizados en marcha, el impacto poblacional de la inmunización podría equipararse al efecto obtenido con fármacos cotidianos para regular la presión arterial, dado el volumen masivo de personas mayores que reciben el preparado en todo el mundo.
Mecanismos biológicos e hipótesis sobre la inmunidad entrenada
La comunidad científica todavía investiga las vías exactas por las cuales un inmunizante contra un virus latente de la infancia logra proteger el sistema circulatorio. Se sabe que el propio virus de la varicela-zóster incrementa de manera transitoria el peligro de sufrir daños vasculares tras su reactivación, por lo que evitar la infección reduce de forma directa la inflamación sistémica subsiguiente.
No obstante, los expertos apuntan a otra línea explicativa ligada a los componentes específicos de la nueva tecnología.
Próximos pasos en la investigación clínica y cautela médica
Especialistas independientes consultados por medios especializados recuerdan que la recomendación actual de inocularse con Shingrix se sostiene sobre su probada eficacia para prevenir la neuralgia postherpética y el propio herpes zóster, mientras que los indicios neuroprotectores —vinculados también a un menor riesgo de demencia en análisis previos— y cardioprotectores se consolidan como áreas prioritarias de verificación científica.

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