La guerra en Irán ha puesto de manifiesto el control estratégico que China ha establecido sobre el suministro de gas en Asia, una posición consolidada silenciosamente a través de años de contratos de gas natural licuado (GNL) y acuerdos de gasoductos.
Este conflicto ha provocado que Estados Unidos desvíe su atención y recursos militares de Asia, en un momento previo a la cumbre entre el presidente Trump y el líder de China.
Asimismo, se ha observado una evolución en las transferencias de armamento desde China hacia Irán a lo largo de varias décadas.
