Las depresiones perinatales – episodios depresivos durante el embarazo y el posparto – son una de las enfermedades mentales más comunes durante el periodo reproductivo. En países de altos ingresos, la prevalencia durante el embarazo oscila entre el 9 y el 11%, y entre el 9 y el 13% después del parto. Análisis meta recientes incluso informan hasta un 29% de mujeres afectadas, con variaciones según el trimestre. En Suecia, país donde se realizó el presente estudio, entre el 13 y el 17% de las mujeres embarazadas y entre el 12 y el 13% de las mujeres en el posparto se ven afectadas. A pesar de esta alta frecuencia, más de la mitad de los casos no se detectan y hasta el 85% de las afectadas no reciben un tratamiento adecuado. Las consecuencias son graves: las depresiones perinatales no tratadas no solo afectan la calidad de vida materna, sino que también aumentan el riesgo de trastornos del desarrollo en el niño.
Heterogeneidad y diagnóstico: por qué la detección temprana es tan difícil
Las depresiones perinatales son heterogéneas. Además de los casos puramente asociados al embarazo, también se presentan formas tempranas o tardías posparto, así como casos persistentes. Estos están asociados con diversos factores de riesgo y requieren enfoques diagnósticos y terapéuticos diferenciados. Sin embargo, los criterios de diagnóstico actuales no distinguen entre estas formas de evolución, lo que dificulta la prevención y la atención específicas. Un problema central sigue siendo la identificación temprana de mujeres con mayor riesgo, especialmente para síntomas depresivos de aparición tardía o persistentes.
La regulación emocional como un factor de riesgo modificable
La capacidad de regulación emocional – la percepción, comprensión y gestión consciente de las propias emociones – se considera un factor transdiagnóstico para la salud mental. Las dificultades en la regulación emocional están asociadas con el desarrollo y el mantenimiento de diversos trastornos mentales, incluida la depresión. En el contexto perinatal, los estudios demuestran que una regulación emocional deficiente se asocia con un mayor estrés, trastornos del sueño, consumo de sustancias y síntomas depresivos. Sin embargo, hasta ahora la relación temporal y causal exacta entre la regulación emocional y la depresión perinatal no se había investigado suficientemente.
El estudio de cohortes sueco: objetivos y metodología
El estudio de cohortes prospectivo y basado en la población realizado en Suecia investigó si las dificultades en la regulación emocional en el segundo trimestre (medidas con la escala DERS-16, Difficulties in Emotion Regulation Scale – 16 elementos) están asociadas con síntomas depresivos a lo largo del periodo perinatal. Se incluyeron un total de 623 mujeres de la cohorte Mom2B y se evaluaron en siete momentos, desde el embarazo hasta un año después del parto, con la Escala de Depresión Posnatal de Edimburgo (EPDS). Además, se identificaron diferentes trayectorias de depresión perinatal y se compararon en función de su capacidad de regulación emocional.
Resultados: la regulación emocional como predictor de síntomas depresivos
El estudio muestra que las dificultades en la regulación emocional en el segundo trimestre están significativamente asociadas con un aumento de los síntomas depresivos durante el embarazo y hasta 14-23 semanas después del parto, independientemente de otros factores de riesgo. Es especialmente notable que las mujeres que desarrollaron depresión posparto más tarde mostraron valores más altos en la DERS-16 ya en el segundo trimestre, incluso si en ese momento no presentaban ningún síntoma depresivo. Los cursos depresivos persistentes se asociaron con los mayores déficits en la regulación emocional. La regulación emocional demostró ser relativamente estable a lo largo del periodo de estudio. Los resultados subrayan la importancia de la DERS-16 como un instrumento de cribado práctico para identificar a pacientes de riesgo.
Importancia para la práctica clínica y perspectivas de futuro
Los resultados ofrecen importantes implicaciones para la práctica clínica: la detección temprana de la regulación emocional en el segundo trimestre puede ayudar a identificar a las mujeres con mayor riesgo de depresión perinatal, incluso si aún no presentan síntomas. Dado que la regulación emocional es una habilidad que se puede entrenar, se abren nuevos enfoques para la prevención y la intervención. El estudio sugiere que las intervenciones específicas para promover la regulación emocional durante el embarazo podrían reducir el riesgo de depresión. Para el futuro, son necesarios más estudios para definir umbrales clínicamente relevantes para la DERS-16 y para evaluar la eficacia de las intervenciones basadas en la regulación emocional en diferentes poblaciones.
