En un mundo cada vez más ansioso, un medicamento de 60 años, el propranolol, está ganando popularidad para tratar la ansiedad situacional, a pesar de haber sido aprobado originalmente por la FDA para tratar enfermedades cardiovasculares. A diferencia de medicamentos como Xanax, Ativan o Valium, que actúan directamente sobre el cerebro y pueden causar sedación, el propranolol bloquea los síntomas físicos de la ansiedad, como el ritmo cardíaco acelerado y los temblores.
Katie Connelly, quien padece la enfermedad de Crohn, utiliza propranolol para controlar los síntomas físicos de la ansiedad que experimenta al acudir a citas médicas. “He pasado por mucho trauma médico”, explica Connelly, “y me siento fácilmente abrumada”.
Desde 2020, las recetas de propranolol han aumentado un 28%, según datos recientes de IQVIA, aunque la compañía no confirmó la estadística a solicitud del Boston Globe. Jillian MacLeod, enfermera practicante psiquiátrica, ha notado un aumento en el uso de este medicamento entre sus pacientes, estimando que entre el 20% y el 30% lo utilizan para manejar el estrés diario.
Los pacientes recurren al propranolol por diversas razones, desde controlar la ansiedad social, como una viuda reciente que lo usa para ir al supermercado, hasta prepararse para conversaciones difíciles, como una joven que lo tomó antes de hablar sobre el futuro de su relación. Incluso durante las fiestas, algunas personas lo utilizan para mantenerse calmadas ante preguntas incómodas.
La percepción cultural del propranolol se ha vuelto más ligera, llegando incluso a venderse en forma de caramelos por empresas de telemedicina como Kick, que ofrecen acceso rápido sin necesidad de cita previa ni seguro médico. El medicamento ganó notoriedad viral cuando la actriz y comediante Rachel Sennott reveló que lo toma antes de eventos públicos, instándose a sí misma a “tomar ese betabloqueante”.
Si bien el propranolol no es técnicamente adictivo, según el psiquiatra Nassir Ghaemi, puede ser perjudicial. Puede disminuir la frecuencia cardíaca, lo que puede provocar mareos, desmayos o incluso arritmias. También puede enmascarar los síntomas del asma o la diabetes, lo que podría impedir que las personas busquen atención médica.
A pesar de estos riesgos, algunas personas, como Connelly, consideran que el propranolol es esencial para afrontar situaciones difíciles. “Me permite no empaparme la chaqueta rosa”, afirma, refiriéndose a su uso como paciente defensora en entornos médicos.
Beth Teitell puede ser contactada en beth.teitell@globe.com. Síguela en @bethteitell.
