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Tadalafila: Jóvenes Usan Medicamento para Disfunción Eréctil sin Receta

by Editora de Salud

La tadalafila, medicamento recomendado para el tratamiento de la disfunción eréctil en hombres mayores de 40 años, está siendo utilizada de forma recreativa por jóvenes brasileños. En las redes sociales, el fármaco ha recibido el apodo de “tadala” y aparece en videos que lo presentan como una especie de solución milagrosa, capaz de garantizar un buen desempeño sexual e incluso actuar como pre-entrenamiento para potenciar las ganancias musculares.

El problema es que estos supuestos beneficios no están respaldados por evidencia científica. De hecho, la práctica puede ser muy peligrosa para quienes no tienen una indicación clínica.

Sin embargo, son precisamente aquellos que no tienen ningún diagnóstico quienes más utilizan este medicamento. Una revisión publicada en 2024 en la Diversitas Journal analizó más de 20 estudios brasileños y extranjeros de las últimas dos décadas y reveló que, aunque el perfil de los usuarios de tadalafila y similares es heterogéneo (sin un patrón único de estado civil, nivel educativo, raza o condición socioeconómica), existe una característica recurrente: la adquisición del medicamento sin receta médica.

Las motivaciones suelen estar relacionadas con factores conductuales y psicosociales, como la curiosidad por sus efectos, el deseo de mayor confianza, la presión por tener un buen desempeño en la relación y el intento de reducir la ansiedad o el estrés antes del sexo. “Nada de esto, sin embargo, puede resolverse solo con la medicación”, afirma el farmacéutico-bioquímico Gustavo Alves Andrade dos Santos, investigador de la Universidad de São Paulo en Ribeirão Preto (USP-RP) y coautor de la publicación.

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Tadalafila, vardenafila y sildenafila (esta última, más conocida por su nombre comercial Viagra) son inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (iF5) y están indicados para combatir la disfunción eréctil orgánica. Actúan relajando los tejidos peneanos y aumentando el flujo arterial en los cuerpos cavernosos del órgano sexual, generando erecciones más rígidas.

Esto significa que, en hombres sin problemas fisiológicos, no hay una ganancia real. Estos medicamentos no son capaces de mantener la erección por un período mayor, ni ampliar el tiempo de la relación sexual ni hacer que el pene sea más grande y grueso. “La sensación de pump (hinchazón muscular momentánea) reportada por los usuarios probablemente se deba a la vasodilatación periférica transitoria y representa un efecto placebo”, advierte la Sociedad Brasileña de Urología (SBU), en una nota publicada en 2025.

En otras palabras, el efecto del consumo entre los jóvenes tiende a ser solo psicológico. “Lo que sucede es que, creyendo que su desempeño sexual será mejor con el uso del medicamento, el individuo tiende a sentirse más seguro y menos presionado”, explica el urólogo Daniel Suslik Zylbersztejn, del Einstein Hospital Israelita. “En la práctica, se trata de una especie de muleta psicológica.”

Riesgos para la salud física y mental

Los principales efectos secundarios de los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 se deben al propio mecanismo de acción: la vasodilatación sistémica, que provoca enrojecimiento facial y congestión nasal. Sin embargo, el uso abusivo puede causar taquicardia, alteración de la presión arterial, desmayo, pérdida temporal de la visión o la audición y, en casos más graves, infarto, accidente cerebrovascular (AVC) y muerte súbita.

Otra consecuencia posible es el priapismo, una erección anormal, persistente, no acompañada de deseo sexual y, a menudo, dolorosa. Esta condición afecta principalmente a pacientes con compromiso hepático, que tienen dificultad para metabolizar el fármaco, lo que hace que permanezca más tiempo en el organismo.

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En el uso recreativo, el consumo de estos medicamentos junto con bebidas alcohólicas puede provocar un efecto paradójico: aunque el alcohol también causa una acción vasodilatadora en el cuerpo, es un depresor del sistema nervioso central, lo que reduce la actividad dopaminérgica. Como resultado, puede comprometer el éxito de la erección.

Y los riesgos para la salud no son solo físicos. “No hay evidencia de dependencia fisiológica de estos medicamentos, no provocan síndrome de abstinencia ni alteraciones bioquímicas persistentes. Sin embargo, puede haber dependencia psicológica”, señala Santos. Hoy en día, es común que los jóvenes tengan dificultades en las interacciones sociales, ya que la comunicación ocurre principalmente a través de mensajes y videos. A esto se suma el impacto de la pornografía, que crea una idealización del sexo y, actualmente, es más accesible. Este escenario conduce a dificultades en las relaciones y frustraciones.

El uso recreativo de los fármacos contra la disfunción eréctil surge como un artificio para intentar lidiar con estas inseguridades. “La persona llega a creer que las pastillas van a solucionar su ansiedad, sus trastornos de autoimagen e incluso cuestiones relacionadas con la capacidad de satisfacer a su pareja”, evalúa Zylbersztejn. “Pero es importante recordar que el sexo no se reduce a la penetración. Muchos hombres olvidan esto. La obsesión con el tamaño del pene o la rigidez de la erección acaba impidiendo que estos individuos disfruten de la situación y creen buenas conexiones.”

Uso sin prescripción o seguimiento

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En un estudio publicado en 2020 en la International Journal of Clinical Practice, investigadores de la Universidad de Pekín, en China, entrevistaron a más de 92.000 hombres jóvenes y verificaron que, de los casi 25.000 que tomaron algún tipo de medicamento para la disfunción eréctil, el 51% lo hizo sin el debido asesoramiento profesional.

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Esto se agrava por la circulación de formulaciones irregulares de estas sustancias, incluso en Brasil. En internet, no es difícil encontrar gomas y suplementos que no tienen autorización de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) y pueden presentar un alto riesgo de contaminación. “Cuando estos medicamentos se colocan en envases que no se asemejan a un medicamento, para llegar al público joven, la banalización es inevitable. La única forma de enfrentar esto es a través de la orientación y la concienciación de la población”, apunta el médico del Einstein.

La lucha contra la automedicación puede llevarse a cabo a través de campañas educativas. Además, considerando que gran parte de las adquisiciones se realizan sin receta médica, el farmacéutico también debe desempeñar un papel central en esta misión, reforzando la obligatoriedad de la receta y alertando en el momento de la venta. “No se utiliza un antibiótico antes de llegar a un diagnóstico, tampoco se prescribe un análogo de GLP-1 sin considerar criterios clínicos. Lo mismo debe ocurrir con la tadalafila, la sildenafila y la vardenafila. Solo pueden adoptarse mediante indicación médica”, observa Santos.

“Un episodio aislado de fallo en la erección puede generar inseguridad, pero esto es normal y no constituye una justificación para el uso sistemático de estos medicamentos”, añade el investigador de la USP-RP. Si este tipo de situación le está ocurriendo, busque a un médico especialista para investigar qué puede estar detrás y cuál es el mejor tratamiento.

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