En los últimos tiempos, han surgido institutos que ofrecen tratamientos de relajación y cuidado de la piel para niños, inspirados en los rituales de bienestar para adultos. Sin embargo, esta tendencia ha levantado interrogantes sobre su seguridad y necesidad.
Riesgos para la piel infantil
La Sociedad Francesa de Dermatología ha mostrado preocupación por este fenómeno, ya que plantea cuestiones de salud pública. Según la Dra. Caroline Colmant, dermatóloga pediátrica del UZ Leuven y miembro de la Sociedad Real Belga de Dermatología y Venereología, “no hay ninguna ventaja en realizar tratamientos en la piel de un niño que no presente ningún síntoma, a excepción de la crema solar. Es lo mismo que con un adulto, salvo que la idea colectiva ha integrado la necesidad de una rutina de cuidado de la piel (skincare).”.
La especialista advierte sobre los riesgos asociados, como alergias de contacto, eccemas, enrojecimiento e incluso alergias alimentarias, ya que la piel actúa como una barrera que puede permitir el paso de sustancias al sistema inmunológico. Investigaciones científicas han demostrado que productos cosméticos con base de cacahuete o aceite de cacahuete pueden contribuir al desarrollo de alergias al maní en personas expuestas. “No se nace con alergias, se desarrollan”, enfatiza la Dra. Colmant.
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Confianza en los institutos y la falta de pruebas
Aunque los padres suelen confiar en estos institutos, que promocionan marcas “naturales y orgánicas”, no se realizan pruebas previas en la piel del niño antes de aplicar los productos. En salones como Babytwins, se utilizan ingredientes como el chocolate por su efecto suavizante, priorizando las sensaciones y el olfato. En Oh baby Spa, se emplea una marca francesa con fórmulas diseñadas específicamente para la piel infantil, comparando el cuidado facial con el cepillado de dientes o el lavado de ropa. Las gerentes de ambos establecimientos se muestran cautelosas con los productos que seleccionan, criticando las cremas disponibles en grandes superficies con envases llamativos y olores atractivos.
La Dra. Colmant lamenta esta estrategia, señalando que “lo orgánico, el origen natural u otras características no garantizan la inocuidad o la seguridad sanitaria. La piel puede reaccionar incluso a estos productos. Es fundamental aplicar el principio de precaución, especialmente con los niños, ya que se sabe que todos los componentes pueden presentar riesgos, aunque no se conozcan bien sus efectos y su alcance”. La dermatóloga menciona alérgenos, sustancias cancerígenas, mutágenas, tóxicas para la reproducción y disruptores endocrinos, entre otros. Considera que la regulación europea en este ámbito es “laxa” y no recomienda la preparación casera de productos, ya que también la considera peligrosa.
Los riesgos dermatológicos, alérgicos y psicológicos plantean la cuestión de la responsabilidad. Las emprendedoras rechazan las acusaciones, argumentando que su actividad se centra en aliviar los problemas de la infancia y no en la estética. “No obligamos a nadie, es una cuestión de educación y cultura. Pero nunca estaremos de acuerdo”, afirma Gislaine Silva, insistiendo en que cuidar a un niño no tiene connotaciones eróticas. Otros profesionales temen una deriva en esta práctica. “Al principio, nunca parece problemático”, sonríe Sophie Maes. Ante la falta de una regulación clara, el principio de precaución podría quedar en papel muerto.
