Según estimaciones de la Alta Comisión francesa para la Estrategia y la Planificación, una cuarta parte de las exportaciones del país se ven “directamente amenazadas” por la competencia china. En el caso de Alemania, esta cifra asciende a un tercio. El organismo asesor ha recomendado que la Unión Europea responda con un euro más débil –lo que impulsaría a los exportadores– y la aplicación de aranceles generalizados.
El vicepresidente chino, He Lifeng, pareció extender una rama de olivo en el Foro Económico Mundial de Suiza el mes pasado.
En un discurso pronunciado tras la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de anexar Groenlandia, He prometió que China defendería el orden comercial internacional y “abriría aún más las puertas al mundo”. También afirmó que el gobierno tomaría medidas para corregir los desequilibrios económicos que han mermado la demanda interna y contribuido al excedente de exportaciones.
Sin embargo, los responsables políticos, tanto en las capitales de la UE como en la Comisión Europea, se muestran escépticos sobre la sinceridad de China en cuanto a un cambio hacia el consumo interno.
El ministro de Finanzas francés, Roland Lescure, declaró esta semana que los funcionarios chinos han estado “diciendo lo correcto” al hablar de un “reequilibrio de la economía china con un mayor consumo”. Pero, según informó a los periodistas: “Sentimos que, hasta ahora, ha habido muchas palabras, pero pocos resultados”.
Esta actitud es compartida por la alta funcionaria comercial de la Comisión Europea, Joanna Szychowska, quien, en una conferencia el mes pasado, afirmó que la UE no debería “de repente hacerse amiga de China hoy debido a un cambio en la política estadounidense”.
“China está muy centrada en las transacciones. Ahora debemos preguntarnos qué transacciones podemos hacer, ¿cuál es nuestro poder de negociación, cuál es nuestra fortaleza?”, añadió Szychowska, directora para Asia, servicios y comercio digital.
Información adicional de Zia Weise y Geoffrey Smith.
