El gobierno de Canadá está evaluando la posibilidad de adquirir los cazas Gripen E/F desarrollados por la empresa sueca Saab, según informaciones que mencionan como principales motivos los altos costos asociados al programa actual y las ventajas que ofrecería para la industria local.
Aunque no hay un anuncio oficial, los informes sugieren que Ottawa podría reconsiderar su estrategia en materia de defensa aérea, especialmente tras la decisión reciente de seleccionar al GlobalEye —plataforma de alerta temprana y control aéreo (AEW&C) de Saab— como futuro sistema para la Real Fuerza Aérea Canadiense. Este movimiento ha reavivado el debate sobre la conveniencia de adoptar una flota de cazas más alineada con proveedores europeos, en lugar de depender de tecnologías estadounidenses.
La elección del GlobalEye, anunciada en los últimos días, marca un punto de inflexión en la política de defensa canadiense. Según fuentes cercanas al proceso, la decisión responde a la búsqueda de mayor autonomía estratégica y a la necesidad de reducir costos operativos a largo plazo. Saab ha destacado en repetidas ocasiones las ventajas del Gripen E/F, entre las que se incluyen menores gastos de mantenimiento, mayor flexibilidad en la modernización y la posibilidad de integrar producción local en Canadá, lo que generaría empleo y transferencia tecnológica en el país.
Sin embargo, el camino hacia una eventual compra no está exento de desafíos. Canadá ya cuenta con un contrato firmado con Lockheed Martin para la adquisición de 88 aviones F-35A, un programa que implica una inversión significativa en infraestructura y capacitación. Además, el F-35 ofrece capacidades avanzadas en sigilo y fusión de sensores, aspectos que el Gripen E/F no iguala en su versión actual. La posibilidad de operar una flota mixta —combinando ambos sistemas— también plantea complicaciones logísticas y de sostenimiento, lo que podría encarecer el proyecto.
Por ahora, las autoridades canadiennes no han confirmado cambios en el programa F-35, pero el interés por el Gripen refleja una tendencia más amplia en la región: la búsqueda de alternativas que reduzcan la dependencia de proveedores extranjeros y fortalezcan la soberanía tecnológica. La decisión final dependerá de análisis técnicos, económicos y geopolíticos, pero el debate está abierto y podría definir el futuro de la aviación militar canadiense en las próximas décadas.
La elección entre el F-35 y el Gripen no solo tiene implicaciones técnicas, sino también políticas. En un contexto de tensiones comerciales y alianzas en revisión, Canadá evalúa cuidadosamente cada opción para garantizar que su inversión en defensa responda a las necesidades actuales y futuras, sin comprometer su capacidad de respuesta ante amenazas emergentes.
