Para Quek Jon Jon, una divemaster de 43 años, la vida siempre estuvo ligada a la aventura y al liderazgo de expediciones de buceo internacionales cada mes. Sin embargo, esa realidad cambió drásticamente en 2017, cuando fue diagnosticada con colangitis biliar primaria (PBC), una enfermedad hepática autoinmune poco frecuente.
La PBC es una condición en la que el sistema inmunitario ataca las células de los conductos biliares microscópicos del hígado. Según datos globales, esta enfermedad afecta aproximadamente a 18 de cada 100,000 personas, con un riesgo mayor de desarrollo en mujeres, quienes también son más propensas a otras enfermedades autoinmunes, según explicó el Dr. Thinesh, médico que trató a Quek.
El camino hacia el trasplante
La transición de una vida ultrafit a la enfermedad fue devastadora. Quek comenzó a experimentar síntomas que afectaron tanto su salud física como mental, incluyendo una picazón insoportable, fatiga extrema e ictericia, lo que eventualmente la dejó incapacitada para funcionar con normalidad y la obligó a dejar de trabajar.

Para entonces, ya estaba sufriendo física y mentalmente por muchos síntomasQuek Jon Jon, paciente
Aunque inicialmente logró manejar la condición mediante medicación, su estado empeoró con el tiempo, lo que llevó a su inclusión en la lista de espera para un trasplante de hígado. Durante este periodo, Quek describió su existencia como vivir en un estado de espera las 24 horas
, manteniendo siempre su teléfono a mano y evitando viajar por periodos prolongados por temor a perder la llamada que salvaría su vida.
Su último viaje de buceo ocurrió en 2024, realizado tras obtener la aprobación de su médico. No obstante, tras esa expedición, los síntomas se agravaron y se vio obligada a abandonar definitivamente la actividad.
Una nueva oportunidad de vida
El momento decisivo llegó en septiembre de 2025, cuando recibió la llamada del equipo de trasplantes. Quek se trasladó al SGH (Singapore General Hospital) en menos de una hora para someterse a la cirugía, la cual resultó exitosa y fue seguida por una recuperación relativamente fluida.
Siete meses después de la intervención, Quek se siente bien, aunque mantiene una actitud cautelosa. Debido a que debe tomar medicamentos inmunosupresores de por vida para evitar el rechazo del órgano, evita los lugares concurridos y las actividades extenuantes para reducir el riesgo de infecciones.
A pesar de las restricciones actuales, la divemaster mantiene la esperanza de regresar al buceo una vez que su salud se estabilice completamente.
